sábado, 7 de diciembre de 2013

Catarsis

Hacía frío aquella mañana cuando salió de casa. Nada le hacía presagiar que no volvería a vivir de nuevo allí. Giró en la esquina, tomó un taxi y se encaminó hacia el aeropuerto. En la radio se oían las voces de los niños de San Idelfonso cantando la lotería de Navidad, quizás el décimo que le llevaba a su padre resultara premiado. Pensó en lo agradable que sería volver a reunirse con su familia, tenía ganas, estaba feliz. Subió al avión y en cuestión de unas horas llegó de nuevo a su isla. 
Luego su mundo, su vida, se detuvo, para cambiar por completo y dejar de pertenecerle.
El décimo no salió premiado, las navidades no fueron lo que esperaba. Su cuerpo dijo que no podía más, se rindió y ella ya no regresó a aquel piso, ni volvió a pasear por delante de la Giralda de camino al trabajo. No hubieron más pacientes, ni más charlas nocturnas con su compañero italiano. Todo quedó suspendido aún a sabiendas de que no lo retomaría.
Seis años después, da gracias al cielo por lo vivido. No ha sido fácil, ni lo será, pero se sigue vistiendo con una sonrisa. Ha aprendido, ha perdido y ha ganado. Está en paz. Y quién sabe, quizás un día todo vuelva a cambiar y vuelva a tener una vida.

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