miércoles, 29 de abril de 2009

El lobo ya no da miedo

La semana pasada se publicaba un estudio estadounidense que afirmaba que el lobo ya no da miedo. Ahora a los niños lo que les provoca temor son los terremotos, las guerras, la posibilidad de ser raptados, disparos en un colegio, etc, vamos, las cosas cotidianas en el mundo en el que estamos viviendo.
Cuando lo escuché sentí pena, pensar que los miedos actuales de esos pequeños son tan reales que no se irán si les dejas la luz encendida, o que no podrás cambiar el cuento para que el malo sea bueno y no se coman a la pobre Caperucita, es desolador.
Cómo nos cambia la vida sin que nos demos cuenta, no es que cuando fuese una niña el lobo fuera mi pesadilla nocturna, pero sí es cierto que al leer los cuentos siempre me daba cierto pánico que terminara engullendo a alguno de los personajes.
Decía una de mis profesoras que los cuentos tradicionales son muy crueles, que eso de contarle a un niño que alguien es devorado por un lobo no era nada educativo y que podía provocar trastornos...mmmmmmmm (este es el ruido que hago cuando pienso)...digo yo, ¿es mejor que los miedos sean tan cercanos, tan palpables? ¿hasta qué punto debemos permitir que sean conscientes de las tragedias diarias que nos rodean? ¿acaso eso les ayuda a no ser tan fantasiosos, a madurar?...podría seguir preguntando cosas, pero ninguna me llevaría a nada, porque mi opinión es que la infancia sólo se vive una vez, y los miedos que en ella podamos o no cultivar deberían ser aquellos que nuestros mayores pudieran erradicar en un plis-plás, que ya habrá tiempo después para conocer y temer el horror que cada día nos vomitan los telediarios.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Cambiando el cuento

Decidí dejar de ser princesa para ser bruja, claro que, podía haber sido la más bruja de todas las princesas o la más princesa de todas las brujas y así haber disfrutado de los privilegios de ambos gremios. El caso es que un día, sin pensarlo mucho; porque estas cosas si se piensan no se hacen, me quité de encima los príncipes azules, los castillos, los grandes reinos, los lujosos e incómodos vestidos y me pasé al otro lado, donde no necesitaba mucho más que una escoba, que de eso siempre hay en cualquier casa, el famoso gato negro y malicia; de esto último siempre me sobró. No creáis que me olvido de la verruga, estoy esperando para hacerme mayor y que me salga sola, dicen que eso crece con los años, no es cuestión de ponerse una falsa, qué tipo de bruja sería con una verruga postiza ¿eh? Nadie me tomaría en serio.
Un amigo me dijo, cuando lo conocí, que todas las chicas estamos locas y somos algo brujas, y no precisamente porque adivinemos el futuro, sino porque en nuestro mundo interior anida una maldad adormecida que en ocasiones, queriéndolo o no, llega a ser bastante cruel en todos los sentidos de la palabra. Después de negárselo, porque por aquel entonces aún me creía princesa, acabé por darle la razón. Lo que pasa es que, hay quienes prefieran quedarse en su cuento siendo la chica estupenda y maravillosa que se termina casando con el apuesto pretendiente, para ir a comer perdices y no sé cuántas cosas más y que de vez en cuando dejará aflorar su lado perverso presa de un ataque de histeria, pánico o algo similar. Y las hay, como yo, que asumiendo esta verdad eligen sacarle partido y dedicarse a hacer conjuros, trastocando de vez en cuando al resto de mortales y surcando los cielos de noches de luna llena con el último modelo de escoba a propulsión mientras el gato maúlla en la ventana .

viernes, 20 de marzo de 2009

Echando los cerrojos

Si pienso en los buenos momentos que vivimos, temo ser arrastrada por la culpabilidad y el arrepentimiento; por eso cada vez que me asalta uno de esos recuerdos, también traigo a la memoria los otros, aquellos en los que el dolor se instaló con profundidad en mi ser y en los que pude ver esa otra cara tuya, la que no adivinaba cuando todo era magia y felicidad. No me quedo sólo con lo malo, pero a estas alturas, soy capaz de decir con total neutralidad que lo negativo venció con creces lo positivo. ¿Qué debo hacer? ¿Qué haces tú? Me pregunto, si tú, como yo, pensarás que lo más maravilloso también fue lo más devastador, marchitando sentimientos, trastornando vidas, cambiándonos para siempre.
La desesperación es mala consejera, lo sé, y quizás por aquello debería pedirte perdón, pero no me sale, ya no, lo único que deseo es que lo que me queda por vivir no lo haga pensando siempre en ti y en lo que hice. No fue lo correcto, debería decírtelo, pero estoy segura de que terminaría justificándome, diciendo que tus actos anteriores fueron los precursores sin duda. Lo lamento, sí, lo lamento, pero más por mí que por ti, no te mereces ni que te piense, ni que me preocupe, sabes tan bien como yo que no. Te perdoné, te disculpé, busqué excusas para cada uno de tus desplantes y traté de entender lo que todo el mundo decía que no era posible.
Contigo perdí la inocencia, la ingenuidad y a cambio gané la desconfianza y la capacidad de controlar sentimientos, de deshacerlos. Hoy escribo esto, porque es la puerta que quiero cerrar, necesito dejarlo fuera para seguir caminando en paz, para que mi conciencia me perdone. Seguiremos adelante, y si la vida nos vuelve a cruzar, no nos conoceremos y ya no podrás adivinar lo que esconde mi sonrisa, esa será mi mejor venganza.

jueves, 19 de marzo de 2009

Chinijos

Desde siempre, por una razón o por otra, he estado muy relacionada con los niños, esos pequeños seres, pequeños por fuera y grandes por dentro, que pueden despertar en nosotros sentimientos tan contrapuestos como la ternura y la frustración, es verdad, a mí me pasa casi a diario.
Mi trabajo actual se centra en ellos, en ayudarlos de una manera o de otra a superar ciertas dificultades, reconozco que me gusta lo que hago, y mucho, que cuando elegí la carrera lo hice a conciencia y por vocación, lo que no sabía por ese entonces es que además de recibir muchas recompensas personales también iba a pasar por momentos de "delirio", como por ejemplo el de hoy, me encuentro delante de uno de estos peques y no consigo que su cerebro interiorice una mínima secuencia de lo que estoy diciendo, y mira que se esfuerza, él y yo, y pone mil caras extrañas tratando de imitar mi gesto que a juzgar por su cara ya está empezando a rozar las expresiones de uno de los hermanos Calatrava, pero no hay manera, empiezo a respirar profundamente, cogiendo en cada bocanada una pizca de paciencia, sonrío, lo miro, su cara denota expectación, si se lo pido lo intentará otra vez y puede que ésta sí lo consiga, aunque mañana ni se acuerde ¡qué digo mañana! dentro de cinco minutos, pero no importa, lo volvemos a intentar, conseguimos rozar con los dedos el objetivo y yo soy feliz, él también con su punto azul, pero yo más, porque vencimos la dificultad aunque fuese sólo hoy, durante un instante, y a nivel personal eso es una gran victoria que consigue hacerme retornar del delirio.

viernes, 13 de marzo de 2009

Mi burbuja


Vivo en un saco, pegado al suelo, vivo en un saco, lleno de trastos...una conocida canción cuenta esto, y yo les cuento a ustedes que a mí me pasa algo similar, aunque lo mío no es un saco, es una burbuja, mi burbuja, que se ha ido formando día tras día, situada a mi alrededor, asentada la mayor parte del tiempo en el campo, en una parte de campo de mi maravillosa isla...
Hace años que no volvía de esta manera a mi tierra, y de alguna forma había renegado de ella, creyendo que ya no era igual, que no tenía el mismo encanto que cuando yo era niña y descubría muchas cosas con la inocencia de la primera vez, este último año, no sólo me ha permitido sentirme bien en mi burbuja sino que además me ha devuelto el afecto por mi isla, que tras un invierno como el que hace muchos años, tanto como la vida que llevo vivida, no se daba, está más bonita que nunca.
Desde mi burbuja, o desde el trocito de campo puedo divisar cosas como la que os muestro en la foto, y adoro la sensación que provoca en mí, el posar la mirada en algún lugar de mi alrededor y quedar hipnotizada por lo que veo; de este modo he conseguido reconciliarme con esa parte de mí que se negaba a volver al lugar que me vio crecer, como si de una terapia de choque se tratase la magia del entorno ha ido golpeando con su presencia, con su magnificencia, el caparazón que me cubría hasta transformarlo en lo que es hoy mi burbuja, cálida y acogedora, donde siempre encuentro la paz que a veces me falta como consecuencia del vivir.

jueves, 12 de marzo de 2009

Insomnio

No puedo dormir, tengo sueño, estoy cansada y sin embargo mi mente se resiste a dejarse llevar en brazos de Morfeo, permitiéndome así desconectar del mundo real.
Hace tiempo que me pasa esto, hace tanto que ni recuerdo cuando empezó, supongo que fue por la misma fecha en que las ojeras se instalaron en mi rostro, tendría que mirar fotos pasadas para concretar el momento.
Lo raro de todo, es que cuando finalmente me duermo, una oleada de sueños absurdos, extraños, inquietantes hacen acto de presencia y si había alguna posibilidad de despertar despejada y descansada, se esfuma.
¿Qué es lo que me lleva a esto? no tengo ni idea, por más vueltas que le doy, no consiguo hallar una respuesta, quizás es que me estoy haciendo mayor, y dicen que cuando eso pasa uno necesita menos horas de sueño...¿os parece aceptable?
Tengo la sensación de que mi cabeza empieza a funcionar a partir de las ocho de la noche, más o menos, no es que de repente comience a pensar en todo lo que no había pensado, ni haga reflexiones filosóficas sobre mi vida, no, digo que empieza a funcionar porque es justo un rato antes de irme a la cama, cuando me vienen a la cabeza muchas ideas, comienzos de historias, planteamientos que me gustaría escribir en el blog, posibles actividades para las sesiones de mis niños...y así, muchas cosas más, y claro, con este panorama digamos que por muy cansada que esté, es bastante improbable que cierre los ojos y sin más, quede sumida en un profundo sueño. Lo mejor de todo, es que no lo puedo evitar, me gusta pensar en eso, imaginar, pero cuando quiero dormir...quiero dormir y no encuentro el botón de off del cacharro que llevo encima de los hombros, mañana le preguntaré a mi madre si ella recuerda dónde metió el manual de instrucciones en el que seguro venía una ilustración, con números que señalaban cada cosa y te decían lo que era, quizás lo encuentre, digo, el botón, y mañana sí consiga vencer este extraño insomnio.

viernes, 6 de marzo de 2009

No importa

Y qué más da si no te veo, si te busco y me pierdo, yo no sé si mañana llegaremos, si tan siquiera, seremos.

Y qué más da si hoy importa lo que dije, callamos o salió de tu boca, yo sé que, de seguro, eso el tiempo lo borra.

Y qué más da si logramos ser más fuertes, más grandes, eternos, si con ello, no conseguimos alcanzar nuestros sueños, sentirnos contentos.

Y qué más da si camino de lado, si vivo en mi mundo, si ya, apenas salgo, si no veo la tele, ni escucho a Gardel con sus tangos, si ayer me dejé olvidada la esperanza en tus manos.

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